lunes, 4 de agosto de 2008

QUE EL GESTO DE MIS MANOS NO ALCANCE / Arístides Vega Chapú

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Publicado originalmente en La primera palabra, el lunes 4 de agosto de 2008.
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Arístides Vega es un isleño vocacional, y digo isleño y no cubano porque para él, Isla y Cuba son sinónimos. Un espacio limitado por agua, aguas que le compulsan a pararse en el centro. Náufrago, es La primera palabra, y no se me ocurre otra, aunque no sea exacta. No ha navegado o zozobrado en barco u objeto flotante alguno. Nació ya en una isla en medio del mar y ha tenido que propiciarse todo medio de subsistencia (poética).
Corrían los primeros años de la década del ochenta, aún se sentía la sombra negra del Mariel, con su vergonzosa ola de represión, y nuestra generación empezaba a mirar la vida del país con inquietud. Las librerías nos devolvían la sensación de que había que “buscar atrás” o mirar allende el mar. Traducciones del “Anábasis” de Saint-John Perse (de Heberto Padilla) o la traducción (amanerada versión) de Lezama de “Lluvias”, una pequeña edición (con el cuadro “Tierra” de Fayad en la cubierta) de la “Tierra Baldia” de T.S. Eliot, Rilke, Mallarmé, Paul Valéry (en la excelente traducción de Mariano Brull) fueron descubrimientos sucesivos que ayudaron a paliar la coral y laudatoria (a la Revolución) oferta de las librerías. El “salto atrás”, no sólo nos hizo releer, como quien busca una luz al final del túnel, todo el diecinueve cubano. La república, con el emblemático Poveda o el íntimo Ballagas; nos llevó derecho a “Orígenes”, como una balsa flotando en el mismo mar desde los tempranos treinta y aún dando bandazos.
Por esa época conocí a Arístides Vega Chapú. Recién regresaba de La Habana (a Santa Clara) después de un intento fallido (por suerte) de estudiar derecho. Comenzábamos a vernos a menudo un grupo en el que se recuerdan además los poetas Pedro LLanes, Frank Abel Dopico, Joaquín Cabezas de León, y el narrador Evelio Capote (ya fallecido), entre otros. En el departamento de sus padres (en los altos de las oficinas del PCC provincial), sitio de encuentro, escuchábamos música, que no hubiese oído nunca de otro modo, y nos reuníamos para ir a alguna actividad cultural o simplemente para leer o conversar. Su manera de escribir (y de vivir) fue cimentando una amistad que los años y mi admiración sólo han fortalecido.
He recibido, recién, una antología de su poesía que he leído de una manera muy peculiar. Los primeros textos (de los primeros libros) me sonaban tan cercanos que recordaba largos pasajes como si los hubiese escrito. Algunos poemas revivieron los momentos en que fueron escritos o en que los escuché por primera vez, y confirmé la vieja certeza de que Arístides reúne en su obra todos los sueños (muchos truncados) y todas las frustraciones de una generación. La generación (como quieran llamarla) que abrió los ojos con la bofetada del Mariel, dinamitó el monolítico discurso “setentero” y recapituló los anales de la literatura cubana, reclamando un espacio para la individualidad. Ese espacio estaba ya implícito en cada verso.
Después de muchos años, leyendo de un modo fragmentario su obra, poder apreciar reunida una muestra amplia y representativa de cuanto ha escrito, permite constatar como el discurso, lejos de hacerse mas discreto o decantar excesos e improntas de juventud, se mantiene vivaz y minado de desvaríos emocionales, personales referencias y voluntariosos giros que contradicen su actitud reflexiva y ecuánime.
Se habló muchas veces en el pasado, de una vocación en que el tema familiar genera el contexto básico en que se estructura su sensibilidad poética. Hoy tiendo a pensar que el poeta construye nexos para atar (poéticamente) sus temas, sus preocupaciones, sus especulaciones, muchas veces con visos de obsesión existencial, a una referencia cercana, conocida, “familiar” en la otra acepción. La intención de hacerse entender sin dar detalles, sin explicar por qué, no es más que la proyección de su necesidad de entender y su voluntad de ver desde dentro.
Arístides sigue siendo un sobreviviente, enraizado cada vez más en el centro de su isla. Allí ha construido una cabaña con los restos de cada naufragio. No mira hacia el mar, hacia el horizonte, porque no espera nada de las aguas que le rodean como una maldición. Todo lo necesario, lo esencial, esta bajo el árbol más cercano, en la humedad de la sombra y el sabor del fruto.

martes, 15 de julio de 2008

VIENDO ACABADO TANTO REINO FUERTE / Roberto Méndez

Publicado originalmente en La primera palabra, el martes 15 de julio de 2008.
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Uno se doblega ante las palabras cuando estas encarnan lo que uno piensa. Uno siente, constata, que no ha podido convocarlas. Esa complicidad con el artífice que “te ha robado", que las estaba usando justo cuando tú las requerías, con el tiempo puede convertirse en devoción. Es esta la primera palabra que se me ocurre. Siguiendo con esta serie de notas (que son ya una saga de la poesía de los ochenta), voy a comentarles un libro que, aunque no ha sido una sorpresa, es una confirmación. “Viendo acabado tanto reino fuerte” ha llegado azarosamente a mis manos, y es un libro que en unas semanas no he dejado de releer, incluso de la forma que uno reserva para los clásicos.
Después de leerlo avisado, acucioso, para decodificar sus innúmeros acrósticos; después de leerlo degustando página a página el fluir eurítmico de un aliento familiar y amigable, cercano, ha permanecido durante muchos días al alcance de la mano, ansiosa de ocio, para en el más breve tiempo, en el más sutil intervalo vacío de imperativos vulgares, abrirlo en la página que el azar nombre, y volver a sentir esa sensación de órgano en la tarde o de alimento exótico. Pocos, incluso en nuestra generación, apreciamos en los inicios, el poder fundacional de la poesía de Roberto Méndez. El respeto era un denominador común a todos, pero sólo el tiempo y los valores sostenidos de una poética singular convirtieron esa consideración en necesidad y gusto por su poesía.
Desde sus primeros textos, (de “Carta de relación” o “Manera de estar solo”, que leímos detenidamente por esos años) el poeta tiene ya un camino, custodiado de catedrales góticas, basílicas con frescos bizantinos, o transitado por monjes, poetas latinos o griegos, filósofos y bailarinas orientales; toda una figuración, selva simbólica o referencial, que usualmente confundía al lector, incluso entrenado. El sello de “libresco” u “oscuro”, tenia muchos sitios de los cuales colgarse: una gárgola acá, o una almena, arbotante o asta de siervo, bastaban al efecto. Así es de fácil hacer etiquetas, como difícil es borrarlas. El poeta siempre estuvo consciente, muchas veces lo dijo con una sonrisa cómplice.
Su obra ensayística ha sido una forma creativa, edificante, de ser dadivoso, de ejercer con bondad una venganza poética. Pero la poesía no se ha recluido a rumiar su savia en un discurso de autocomplacencia. Nunca con más lucidez y de un modo más corrosivo, ha cuestionado un poeta la aridez medieval del canon hegemónico impuesto por la cultura oficial. Ya en sus primeros libros se levantaba un mástil en que se izaron, una tras otra, las banderas del humanismo, del cuestionamiento ético y filosófico, de la resistencia inteligente del conocimiento ante el fanatismo ideológico o la polarización política. Una poesía que construye baluartes, fortifica, desde la sustancial idealización del modelo negado: el hombre uno, ante el dilema de la existencia.
Este libro puede leerse como un inventario de lo que logró salvarse de las llamas en la gran biblioteca de Alejandría. Puede leerse como un manual para reconstruir, rearmar la cúpula quebrada, los fragmentos dispersos de la utopía. Puede leerse como un misal de reconciliación con los símbolos hipertrofiados o sobreevaluados de nuestras malogradas convicciones de ha tiempo. Puede leerse como ejemplo de que se puede cenar pan blanco, beber agua fresca, madurando la pasión sin reverenciar el sacrificio. Este libro puede leerse, debe leerse de cualquier modo. Nunca más oportuna lectura, quizás por eso demorada, (se publico en el año 2001) esta que nombra todos nuestros objetos de adoración y de repudio, con idéntica “claridad", con igual pasión, con igual devoción.

martes, 1 de julio de 2008

MUERTE DE NARCISO / José Lezama Lima

Publicado originalmente en La primera palabra, el martes 1 de julio de 2008.
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Releo, después de muchos años, su primer libro y siento que no es solamente un asombroso caso de madurez. Es un acto de convicción manifiesta. La Primera Palabra que puede definir este acto de lucidez es “elección” ya que Lezama sostiene siempre, defiende, la observancia de la opción depuesta. Asoleándose ya en los balcones de su espejeante sensibilidad tropical, José Lezama Lima entra por la puerta facetada de la poesía cubana con un poema que, como una cometa china, sostienen dos cuerdas: una de seda negra, en la que hace equilibrios la muerte y otra, multicolor, donde se confunden la ansiedad y la sorpresa que anteceden el goce, y el despliegue en que galopan los sentidos liberados del ejercicio de la razón. En Muerte de Narciso el dardo, portador del pasaporte dorado a la ascensión, ha partido, incluso antes de que se constate la inminencia de la muerte. El tiempo, la fracción de tiempo, puede ser descrita, y en tanto degustada. Para Lezama, el inicio y el fin no son más que las cotas de un recorrido, una fracción de tiempo, como la tajada de una fruta, en que el hombre se complace. Se agota en sí, se entrega en la mano ahuecada, apagando la sed del labio que puede nombrarle:
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Mano era sin sangre la seda que borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.
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Siempre bordeando los frisos de la euforia, logra extender la vista y ver en derredor los signos de la inminencia, la línea donde algo termina. Dejarse troquelar por las exigencias de la vigilia, del estar atento al instante en que se producirá el hecho, sujeto de iconografía o versificación, no nombrará las sutilezas de lo que, una vez consumido por la fugacidad en que transcurre, se reproducirá innumerables veces de un modo igualmente degustable.
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En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
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Ha captado, desde su calendario de siestas y retretas, que la gravedad se asienta sobre la clave lenta que marca, repetida, multiplicada, el tiempo. El tiempo lento que da margen a la eclosión del discurso, en que pueden desplegarse la saliva, los fluidos todos, para ahogar la innúmeras sensaciones.
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Granizados toronjiles y ríos de velamen congelados,
aguardan la señal de una mustia hoja de oro,
alzada en espiral, sobre el otoño de aguas tan hirvientes.
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Dánae teje las floraciones, los olores, los sabores. Diluye en esa corriente de aguas que no devolverán su imagen, que no pueden reproducir la ascensión anunciada de Narciso, la pulpa jugosa de los frutos del goce. Es el poeta, que aún en su juventud, no desatiende las formalidades que le impone su predisposición a juzgar las magnitudes sobrehumanas, las dimensiones que le exceden, sin encerrarse en el soliloquio castrante de la fe.
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El río en la suma de sus ojos anunciaba
lo que pesa la luna en sus espaldas
y el aliento que en halo convertía.
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Lezama no duda, y no dudará en lo que resta del poema, (y de su obra, y de su vida,) dejándose arrastrar por una corriente en que naufragan el dogma, el sentido de lo perdurable o inamovible, de lo eterno. El poeta, atento a los reclamos que han de hacerle, atento al pez de ojo vítreo, a su mirada profunda de mármol, levita y escribe.
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Pluma morada, no mojada, pez mirándome, sepulcro.
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Lenta se forma ola en la marmórea cavidad que mira
por espaldas que nunca me preguntan, en veneno
que nunca se pervierte y en su escudo ni potros ni faisanes.
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Y escribe, que es oficio eterno, muchos inicios cada vez, y muchos abismos que parecen el fin. Esa será la elección: morder el fruto, palpar la carne, escuchar el susurro de toda ave o el silencio. Tirar de la cuerda que puede liberarnos de la negación que reproduce el espejo.
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Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,
esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden
al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada,
busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido.
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El poema es una afirmación más que una tesis. El poeta se reconoce dispuesto a ofrecer el flanco, a pagar el diezmo por su acto de afirmación y su osadía.
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Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.
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Lo ha escrito y es el comienzo. Un inicio que se reduce a desafiar el fin y a loar la finalidad. Recomenzará siempre, como una canción en que se hace honores a lo previsible y sin embargo se obtiene el ennoblecimiento en la sorpresa. El azar en que concurren las saetas de los sentidos, recompensará su vocación hedonista y apartará de su paso asmático las claves que tornan la palabra en hielo.
Su obra posterior lo confirmará.

domingo, 13 de abril de 2008

BREVIARIO PARA REGRESAR AL LABERINTO DE ESPEJOS

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Por Manuel Sosa.
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I
Rodeado de todo lo que se diluye, la carga de una generación, la estancia fugaz que identifica al rapsoda moderno, Heriberto Hernández ha sabido prevalecer. Y no ha sido la astucia de quien se compara con las sutilezas y avanza sobre ellas. Es su manera de concebir la poesía, una línea intachable que suma elementos del territorio siempre cambiante: línea que además traspasa los accidentes y se aleja hacia lo invisible, sin ser importunada. Para explicarlo mejor están sus libros y lo que algunos antólogos han creído recoger: una vocación lírica ya cumplida en su primer esbozo. Con La patria del espejo, cuaderno de la intemporalidad, captó el registro esencial del cambio poético que se venía ensayando en la isla desde finales de los setenta. Gracia adquirida por obra de la imagen, sus claves no denotaban encausamiento o aplicación de un credo en ciernes, pues el poeta ya ejercitaba sus dones con serenidad de artífice. Pacto antiguo desde las palabras, reverencia acompasada que sabía recogerse o extenderse más allá de la atmósfera en cada pieza, así su dominio se advertía en medio de aquel concierto plural. La voz de Heriberto Hernández era reconocible desde entonces, tersa y profunda.
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II
Dibujar sus coordenadas, hallarle en ese índice siempre moldeable que la Antología prefiere aquietar, es usar otro tipo de decantación. Pero habrá que describir su extraña pertenencia al entrecruzamiento de círculos, allí donde termina el deleite holístico y comienza el asimiento de lo privativo, nociones del Ideal grabadas como espécimen. Aplíquese esta oposición a la lírica cubana y se podrán obtener los dos énfasis que nunca consiguen atemperarse. Unos se dejan llevar por espejismos de prosodia, otros por gradientes de emotividad. Donde Heriberto Hernández siembra visión propia, la esencia de su norma se extiende en fluidez: llevar consigo la cautela de los maestros, dudar de las expresiones copiosas que hechizan al discipulado, no olvidar que ofrecerse como heraldo no implica ceder voz, saber cuándo sofrenar lo basto que pugna por ser terneza. Habiendo escogido su terreno, reducto del mejor vertimiento, prosigue imperturbable: la búsqueda se amplía, se hace omnisciente.
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III
El secreto de las formas, otra condición del ritual que termina en confidencia, siendo poema y desvestimiento: así la espada conoce las virtudes de su filo. ¿Pudiera el cincel convertirse en guía, robando el ardor de la mano? ¿Ha de prefigurar el molde lo que sabrá contener? Es cierto, el versículo imprime una solemnidad que no siempre se procura, pero amplía la perspectiva de quien rebasa el latir del renglón y de quien agiliza las pausas. El poeta se adueña entonces de otra manera de respirar, nos va conduciendo alígero hacia su fin, por medio de una verticalidad que no sospechamos por más que participemos. Entiende que ese discurrir determina la efectividad de su mensaje, y ello explica la insistencia de un libro a otro, haciéndose más determinante en Discurso en la montaña de los muertos, donde se constata el acecho de una gelidez a la que toca describir con toda la entereza posible. En Los frutos del vacío reanuda su fascinación por el soneto, lujosos alejandrinos que le complementan el ordenamiento ideal de su certidumbre. Lo que las formas quisieran restringir el poeta libera y restituye. La espada puede tajar o pender, y también ser argumento de poesía.
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IV
Leer y releer a Heriberto Hernández es descubrir un sistema de compensaciones, que se inicia con deudas aparentes y rupturas encubiertas. Es difícil evitar la tentación de buscar desprendimientos, siguiendo el compás del velo inicial: símbolos y símbolos del verse reflejado, del cruzar un abismo, del mirarse a contraluz. Pero esa actitud desaparece al percibirse la unicidad del discurso, confianza en el verbo que exuda mansedumbre, confianza en la atinada recreación de un estado que se anhela verificar a toda costa. A las pobres ediciones de sus libros, todo un símbolo de la quimera insular, siguieron el exilio y su parte correspondiente de silencio. Justo cuando se echaba de menos la proverbial astucia, pudo reintegrarse al ruedo más exigente con Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno, escrito desde la taimada sustantividad, la que le hace (aún) replegarse a veces y seguir llenando pliegos. Un cuaderno breve y vindicatorio, robado al celador insomne. Una manera inusual de regresar al laberinto de espejos, donde comenzó todo. Y es que el hombre, luego de romper cada una de sus refracciones, siguió bordeando las apariencias, buscando redimirse en otros destellos. Ha de ser un arte difícil el de componer los fragmentos y reanimar el quebrado fulgor.
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V
Los mapas de poesía cubana, por mostrarle, nunca han sabido representarle. Y no está de más el intentarlo con un trazado sucinto: recreador de atmósferas, solvencia verbal que supera lo meramente expresivo, examen incansable de las simbologías, dispensador de lenitivos, mesura y veracidad, melancolía altiva (la única que resulta tolerable), grácil tratamiento de los conceptos, dominio del ritmo natural. Lectura que es hilo conductor hacia el origen. Certeza de que la palabra nos aparta al fin, para hacernos indagar por el rostro que falta en los espejos, el nuestro.
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MANUEL SOSA: (Meneses, Cuba, 1967) Poeta. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa. Ha publicado los libros "Utopías del Reino" (Premio David 1991, Premio Nacional de la Crítica 1993), "Saga del tiempo inasible" (Premio Pinos Nuevos 1995), "Canon" (2000) y "Todo eco fue voz” (antología, 2007). Reside en Atlanta, Georgia.
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Nota: Estas valoración crítica fue escrita para el blog La finca de Sosa, y publicada originalmente el 13 de abril del 2008. El diseño de la portada se ha realizado a partir de una obra original del artista cubano Ramón Alejandro, al igual que los grabados que ilustran los interiores del libro.

viernes, 7 de marzo de 2008

LOS FRUTOS DEL VACÍO / Bluebird Editions, 2008

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Por Manuel Sosa.
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Viene por fin la poesía de Heriberto Hernández a desasirse de liturgias corales, como dádiva cumplida en la imagen, laminario de escorzos que devuelven la mirada y las intenciones, lienzo que esplende a solas y que es copiado en secreto por los propios depositarios. Un libro que nos hará repensar el aparente sosiego del canon que ya casi trazan sobre el mapa literario actual. La donosura de habernos ofrecido un compendio de apólogos, cromos que se bastan a sí mismos y que terminan concatenándose, puede palparse en este tratado de misterios donde se magnifica el lujo y se bebe aguamiel para resucitar.
Gran urdidor de atmósferas, logra el poeta que no se trunque la fluidez natural del versículo, y nos va llevando imperceptiblemente al término que desea. De un cuaderno a otro, buscando el vínculo progresivo, han de encontrarse revocaciones de pactos, ritos del ayer que sustentan (mejoran) el presente, y son el Poema por sobre la escritura. Pese al empeño de esas liturgias, país, tradición, canon de máscaras, que pretenden enmarcarle y describirle, su poesía se ha convertido en símbolo de ubicuidad.
Así, reescrita su permanencia en la paradoja del destierro, ha de ser su palabra la que busque exhibir, ya limpias, las clásicas armas: rasgos serenos, tesitura conceptual, virtuosismo y sentimiento. Guardar este raro volumen, repasarlo en la soledad que antecede al bóreas, es hacerle justicia a Heriberto, cuya voz insiste desde el alba, sin inmutarse. Poesía que ha logrado un sistema infalible de retribuciones, verbo y juicio en justo equilibrio, y que sabe aposentarse en los umbrales, y ramificarse.

Edición: Carlos Pintado y George Riverón.
Diseño maquetación: George Riverón.
Cubierta e ilustraciones interiores: Ramón Alejandro.
Nota de contraportada: Manuel Sosa.

jueves, 7 de febrero de 2008

VERDADES COMO TEMPLOS / Iduna Ediciones, 2008

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Por Carlos Pintado.

La poesía de Heriberto Hernández Medina, por su unicidad y forma, se hace singular entre los poetas de su generación. Verdades como Templos nos ofrece una de las más completas e inquietantes compilaciones de su obra inédita. Poemas que intuyen ritos, urdimbres verbales y laberintos conceptuales, permiten a su autor conformar un sistema poético de variados registros, que van desde las formas clásicas hasta el verso libre.
El poeta asume el texto como reto, como fuga mucho más allá de los símbolos y sus cosmogonías. La imagen y palabra vienen a reflejar esa extraña unción-metáfora inclasificable del potens, con la que llega a la poesía, sereno y solitario, ofreciendo los frutos de un vacío existencial, de la búsqueda de una fe ausente, en la que gravitarán estos textos de singular perfección.


Edición: Carlos Pintado y George Riverón.
Diseño maquetación: George Riverón.
Cubierta: Yovani Bauta.
Nota de contraportada: Carlos Pintado.

domingo, 11 de noviembre de 2007

REVISTA LITERARIA BAQUIANA / Año IX Nº 49/50

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Revista Literaria Baquiana / Año IX - Nº 49/50. Septiembre/Diciembre 2007.
Miami / Estados Unidos.
Director Ejecutivo: Patricio E. Palacios.
Directora de Redacción: Maricel Mayor Marsán.

miércoles, 1 de agosto de 2007

TROPO A LA UÑA / 38 / Año VIII / Junio-Agosto 2007

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La revista de literatura y arte Tropo a la uña publica íntegramente mi poemario Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno, que fuera galardonado con el IX Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2006.
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TROPO A LA UÑA
Literatura y Arte / Año VIII / Junio-Agosto 2007
Director y editor: Miguel Ángel Meza Robles.
Consejo editorial: Agustín Labrada, Luis Ortega, Alejandro Folgarolas, Pepita Ramos, Marién Espinosa y Bettina Cetto.
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jueves, 1 de marzo de 2007

LA ZORRA Y EL CUERVO / Revista Literaria Bimensual


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4ta entrega / marzo/abril de 2007
Director y Editor: George Riverón
Jefe de redacción: Carlos Pintado

lunes, 1 de enero de 2007

DECIR DEL AGUA / Revista digital de poesía

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Segundo ciclo / Primera entrega
Enero de 2007 / Páginas 13 y 14
Editor: Reinaldo García Ramos

miércoles, 7 de junio de 2006

LOS FRUTOS DEL VACÍO / Linkgua Ediciones, 2006

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Heriberto Hernández fue uno de los jóvenes poetas cubanos fundadores, en la década entre 1980 y 1990, en Cuba de lo que se llamó "nueva poesía cubana", específicamente como seguidor de la poesía del gran poeta cubano José Lezama Lima y de la tradición universal de una poesía que se sustenta en los valores trascendentes y bellas y ricas imágenes.

Radamés Molina Montes. (editor / Linkgua ediciones)

Published by Linkgua ediciones, 2007
ISBN 8498167183, 9788498167184
108 pages


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domingo, 1 de enero de 2006

ARIQUE / Revista de Poesía

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La Habana-Miami-Santiago de Chile
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ARIQUE se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000. Regularmente en la web desde octubre de 2005.
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(Sección / Otros poetas cubanos)
Editores: Raúl Tápanes López, I. S. Merlin y Angel Antonio Moreno.

sábado, 1 de enero de 2005

DECIR DEL AGUA / Revista digital de poesía

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Novena entrega
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Enero de 2005 / Página 13
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(Sección especial / 20 poetas cubanos en Miami)
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Editor: Reinaldo García Ramos

sábado, 10 de julio de 2004

FORNIX No. 3/4 / Revista de creación y crítica

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Editorial "Nido de Cuervos" / Lima, Perú. Julio 2004.
Director: Renato Sandoval.
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“Fornix” es una revista internacional de creación y crítica literaria, editada en Perú y dirigida por el poeta Renato Sandoval (Lima, 1957), que aparece en formato de libro y que circula en más de 20 países. Busca difundir de manera amplia sistemática lo más representativo, y a la vez lo menos conocido de la literatura hispanoamericana actual.

miércoles, 9 de junio de 2004

BUT EVERYBODY IS DREAMING - PERO TODOS SUEÑAN / 2004

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Poemas de Cuba contemporánea.
Seleccionados y traducidos por Rosalind M. Gill.
Edición: Lugus Libros / 2004.
Diseño: Lugus Libros Latin America Inc.
Cubierta: Reinaldo Pagán Ávila.
Prólogo: Rosalind M. Gill.
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Rosalind M. Gill was born and grew up in St. John's, Newfoundland. She is Chair of the School of Translation, Glendon College, York University, Toronto. She teaches translation as well as French as a second language. She has published a language teaching manual (Le Français dans le village global, Canadian Scholars' Press, 1999) and she has translated two books on Quebec (Quebec Women a History, Women's Press, 1987, and A Sociocritque of Translation-Theatre and Alterity in Quebec, University of Toronto Press, 1996). She is presently working on translations of Hispanic literature, particularly Cuban poetry. She has also published her own short stories in Canadian journals, including The Antigonish Review and Canadian Fiction Magazine.

THE CITY OF BRIDGES IS COMMITTING SUICIDE,
.........putting itself to sleep.
In the house of the musicians
.........a girl, her face darkened with fear
.........has placed a shell beneath the sound;
.........but everybody is dreaming,
.........closing their eyes and dreaming that there is no need to jump,
.........to hurl yourself off the bridge
.........when there's music to fill up the labyrinths.
On the stairway, they have placed mountains of papers to stop people from going up
.........from going out on the balconies,
.........and baring their breasts
.........and the city like a witness, needs some minimal testimony
.........a piece of heart to throw off the bridge.

They have begun to share out in equal portions the bitter tea
.........and the pieces of lemon cut
.........with the sharp gesture of sadness,
.........they have begun to cut absence in two,
.........but the girl
.........does not want to remember that there was a time when she was not alone,
.........once, she could not picture solitude.

On the antique clock, everyone is eager to leave a mark,
.........a gouge in the wood that time will make bleed,
.........then, all wrongdoings will be rewarded
.........all blood spilled will be like old bitterness spilling
.........then we won't have to worry
.........about the girl flying ever so lightly off the bridge, violating the air.
The musician is a docile restless animal
.........the city is his mask;
.........he has seen the waters fill up with light and dreams,
.........but the girls have decided to cut their hair off,
.........they've decided to put on a mask so they can forget the music.

martes, 9 de diciembre de 2003

THE ANTIGONISH REVIEW 132

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The Antigonish Review / Editorial Cooperative / Winter 2003.
Poetry Editor:Peter Sanger

The Antigonish Review was founded by R.J. MacSween in 1970. It is supported by St. Francis Xavier University, with the welcome assistance of the Canada Council for the Arts, Heritage Canada, the N.S. Dept. of Tourism, Culture &. Heritage, Culture Division.

martes, 1 de enero de 2002

POESÍA CUBANA DEL SIGLO XX / 2002

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Poesía cubana del siglo XX. Fondo de Cultura Económica, México, 2002.
Selección y notas: Jesús J. Barquet y Norberto Codina.
Prólogo: Jesús J. Barquet.

viernes, 1 de diciembre de 2000

EVOHÉ No. 4 / Revista del Taller de Poesía

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Universidad de Lima / Lima, Perú. Diciembre 2000.
Director: Renato Sandoval.
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“Evohé” es una revista literaria del Taller de Poesía de la Universidad de Lima, dirigido por el poeta y traductor Renato Sandoval.

sábado, 1 de enero de 2000

FORNIX No. 2 / Revista de creación y crítica

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Editorial "Nido de Cuervos" / Lima, Perú. Enero - Junio 2000.
Director: Renato Sandoval.
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“Fornix” es una revista internacional de creación y crítica literaria, editada en Perú y dirigida por el poeta Renato Sandoval (Lima, 1957), que aparece en formato de libro y que circula en más de 20 países. Busca difundir de manera amplia sistemática lo más representativo, y a la vez lo menos conocido de la literatura hispanoamericana actual.

sábado, 2 de enero de 1999

LAS PALABRAS SON ISLAS / 1999

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Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana siglo XX. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad Habana, Cuba, 1999. 1ra. Edición.

viernes, 1 de enero de 1999

POETAS EN MATANZAS V / 1999

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Ediciones Matanzas, Cuba, 1999
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Selección y notas: Juan Luis Hernández Milián y Nilda de la Paz.
Prólogo: Caridad Rodríguez Hernández.

sábado, 7 de junio de 1997

LOS FRUTOS DEL VACÍO / Ediciones Matanzas, 1997

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Por el autor.
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Es este un cuaderno en el que se atan cabos sueltos, se desoyen las normas que acechan en todo aquello que un día se tuvo a bien y que permitió decir con cierta noción de certeza esto es libro cerrado. Aquí están los versos que han juntado en sí todo acto irresponsable, toda concesión que por liberal o poco ortodoxa pudo reblandecer el muro inescalable sobre el cual nos empeñábamos en edificar nuestra poesía. Ahora todo es más claro y los versos nos muestran cuan noble o cuan ingenua ha sido esta aventura y nos hacen agradecer incluso los versos ya olvidados.
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Edición y diseño: Caridad Rodríguez
Nota de contraportada: El autor.

martes, 7 de junio de 1994

DISCURSO EN LA MONTAÑA DE LOS MUERTOS / Ediciones Unión, 1994

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Por Bertha Hernández López.
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Poesía que se caracteriza por su ritmo amplio y sus atractivas fabulaciones, es la que reúne Discurso en la montaña de los muertos. El poeta “va desde la luz hacia el encuentro de la sombra que en el paso aguarda” y nos trae los ecos de viejas baladas con la frescura de nuestra cotidianidad.
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Edición: Bertha Hernández López.
Diseño: Ricardo Castro.
Nota de solapa: Bertha Hernández López.

LA PATRIA DEL ESPEJO / Ediciones Unión, 1994

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Por Waldo Leyva.
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La patria del espejo nos presenta una de las voces más representativas de la poesía cubana de los 80. Poesía ésta que sin ser verbalista afinca sus reales en el gusto de la palabra, en la reiteración significativa de la imagen.
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Edición: Waldo Leyva.
Diseño: Hector Villaverde.
Cubierta: Roberto Artemio.
Nota de contraportada: Waldo Leyva.

domingo, 2 de enero de 1994

POESÍA CUBANA: LA ISLA ENTERA / 1994

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Poesía cubana: La isla entera. Madrid: Editorial Betania, 1994.
Selección: Felipe Lázaro y Bladimir Zamora.

sábado, 1 de enero de 1994

POESÍA DE LAS DOS ORILLAS / 1994

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Poesía de las dos orillas (1959-1993). Madrid. Libertarias/Prodhufi, 1994
Selección y prólogo: León de la Hoz.

viernes, 1 de enero de 1993

DE TRANSPARENCIA EN TRANSPARENCIA / 1993

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De transparencia en transparencia. Antología poética. (Primera Edición) La Habana: Letras Cubanas, 1993. (Segunda Edición) Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1993.
Selección y prólogo: Nidia Fajardo Ledea.

viernes, 7 de junio de 1991

POEMAS / Ediciones Matanzas, 1991

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Por Roberto Méndez Martínez.
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Mesura y número presiden el mundo del Arquitecto, nada queda al azar en estas edificaciones donde lo tanático egipcio apacienta en el mismo espejo de agua que la columnata mediterránea, con una alternancia más matinal que de crepúsculo. El canto ha sosegado la desazón del mito y las figuras forman conjuntos simbólicos sobre los que se entreteje una flora de ensueño: deidades infernales que han probado el olvido en el vientre de la granada, sirenas aquietadas por la trompa renacentista. El poema, sea en la escansión versicular o en la cartesiana cuadrícula del soneto parece tener su correspondiente arquetipo en la noche, eso le arranca resonancias impensadas y le da una aspiración, un vuelo. Más cercanos a la Ofrenda Musical que al deliquio chopiniano, los textos se disponen en la pagina seguros de sus centro, desfilan: la muerte en forma de pez, los ángeles mediadores, la luz siempre inalcanzable, por una vez el arquitecto equivoca la perspectiva para hacernos entrar en el Corredor de Palladio con los acordes de una Lección de Tinieblas, pero al final todo es promesa de divertimento y danza jubilosa mientras los espacios infinitos devuelven sus pascaliano terror con un guiño cómplice.
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Edición: Caridad Rodríguez.
Diseño e ilustraciones: Rolando Estévez.
Nota de solapa: Roberto Méndez Martínez.

domingo, 1 de enero de 1989

RETRATO DE GRUPO / 1989

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Retrato de grupo. La Habana: Letras Cubanas, l989.
Selección: Carlos Augusto Alfonso Barroso, Víctor Fowler Calzada, Emilio García Montiel y Antonio José Ponte.
Prólogo: Víctor Fowler Calzada y Antonio José Ponte.