Mostrando entradas con la etiqueta NOTAS SOBRE LIBROS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NOTAS SOBRE LIBROS. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2009

LUMBRES VELADAS DEL SUR / William Navarrete

Publicado originalmente en La primera palabra, el viernes 22 de mayo del 2009.
.
En una
nota sobre el poemario anterior, Edad de miedo al frío, del poeta y editor William Navarrete, apuntaba la dificultad que entraña “fundamentar lo poético en la concisión, cuando se recorren caminos en que se extienden los límites de lo sensorial, de lo sensual, hasta el extremo de la transgresión.” En este nuevo libro, Lumbres Veladas del Sur, los límites, que eran el fundamento del discurso poético y sustentaban el acto de trascenderlos, se difuminan para intentar un símil del entorno y de su apreciación en una dimensión mayor.
El lenguaje fluye en una concatenación de sucesos circunstanciales que se sustraen del marco estrecho de lo exótico, en el sentido romántico, para establecer una conexión que muestra un perfil dual. De un modo explícito, el poeta “nos introduce en un mundo luminoso cargado de voces y de aromas, de paisajes habitados por gentes que viven y se mueven en un laberinto de calles sinuosas, de plazas pobladas de sonidos que se expanden en un estallido multicolor, donde el sol o la luna alumbran cantos y conversaciones, impregnadas de esos olores únicos, a especias y a perfumes extraños, que hacen del aire de Marruecos una parte más de su inigualable paisaje y acentúan su intangible misterio”(1); y de un modo sutil, soterrado, nos hace cómplice de su fascinación por el desencuentro de las sombras y las opacidades luminosas de una luz que oculta y devela a la vez.
El poeta pone el pie sobre una superposición milenaria de pisadas, en las que se resumen lo desconocido, las veleidades de la danza y la sustancial decantación de la tradición oral. Asume con absoluta responsabilidad y madurez la edificación de su Marraquech de palabras, el reto de hacer con ellas un muestrario de olores e imágenes, que se correspondan con la simulación de nuestras sensaciones, que es la realidad. El doble juego del lenguaje como espejo de dos caras e innumerable aristas. La doble imagen en que el poeta, bruñida la suya, nos insta a pulir la nuestra. Este libro es un viaje en que nos hemos procurado el mejor guía, ese que nos empuja hacia el abismo de su asombro.

______________________________________________________
(1)- María Sangüesa.

domingo, 25 de enero de 2009

UNA CLARA SEÑAL / George Riverón

Publicado originalmente en La primera palabra, el domingo 25 de enero de 2009.
.
Dar una señal es de algún modo la finalidad de la comunicación humana, y la escritura regresa al hombre su paridad con la perfección divina. Son las señales de la aspiración máxima, la vocación de trascender. Ese don reservado a los dioses. Creado a su imagen y semejanza, Dios le ha impuesto al hombre el don y el límite. El lenguaje ha de conquistar el inmenso páramo de los dones, negados al reino animal y reservados sólo a sus iguales en imagen. Pero están los límites que reducen la sinonimia al acto huérfano del parecido, de la similitud.

El poeta intenta romper el dogma de la semejanza, de la imagen, a la cual se ha negado una cualidad superior, y se atreve a describir, dar testimonio de esa zona, ese espacio en que se suceden los equívocos de la existencia, que Dios no previó, que no estaban en sus planes. Son sus errores, para cubrir los cuales, acuñó la palabra pecado.

George Riverón erige su poesía sobre un error de Dios, crea un discurso que ha de corregir los errores, no de esos dos hombres que se aman, o hacen una ofrenda, sosegada o turbulenta, en los sitios de culto del placer, sino de dios. La heterodoxia ha de ayudar a la ortodoxia a legitimarse, como el arte ha de servir para legitimar la ética. Encontrarán en este libro una clara señal de cuán certera puede ser la poesía para dar visos de realidad a la vida, emborronada, muy a nuestro pesar, por los errores de Dios.

lunes, 19 de enero de 2009

EDAD DE RECAPITULACIONES Y OTROS POEMAS, ARDUOS O GOZOSOS / William Navarrete

Publicado originalmente en La primera palabra, el lunes 19 de enero del 2009.
.
.........................I
“…Edad de miedo al frío es un broche que abre y cierra en sí mismo con exactitud matemática…", escribe Emilio Ichikawa sobre el libro de poemas, original de William Navarrete (Cuba, 1968), que mereciera el premio de poesía Eugenio Florit, patrocinado por el Centro de Cultura panamericana de Nueva York. Deslinda y salva su extrañamiento con esta frase que recojo para expresar el mío, al punto que me hiciera indagar las causas de añadir a un cuaderno, que se erige como un todo autosuficiente, “otros poemas". Y es que la brevedad del conjunto, que incorpora dificultades adicionales a las ya usuales al publicar poesía, es la expresión certera de la concisión, de la inusual cualidad que hace que un texto se sostenga en si y en el conjunto amparado en la justeza.Cómo fundamentar lo poético en la concisión, cuando se recorren caminos en que extienden los límites de lo sensorial, de lo sensual, hasta el extremo de la transgresión. El lenguaje no cede a la tentación de enroscarse en si mismo, pues ha de conducirnos por los fragmentos de un argumento, que aunque renuncia a la cronología y en algunos casos a la lógica, nos permite retroceder a instancias diversas para ir completando la intensión de un recorrido personal, que intenta sustituir la incorporeidad del recuerdo por la fehaciencia de un viaje.En tal empresa, se sumergen las referencias personales y emergen lo hitos librescos, si que se sientan tensiones sustanciales, pues en ambos el autor intenta fundar, en una maqueta que renuncia a las convenciones de la escala, los parámetros de “su ciudad, atrevámonos a decir que su patria. Otra patria, además del camino", como bien logra exponer Emilio. No hay intensión explícita de velar los encantos de lo intrascendente; la circunstancia sostiene, de un modo natural, lo aparentemente insustancial y le colma de un cálido referente que el poeta ha enriquecido, prescindiendo del las ataduras de lo “real” o “creíble", para dotarlo del las cualidades “superiores” de lo imaginario: lo poético.

....................................................................................II
En Otros poemas, que no por adición para engrosar (literalmente) el corpus textus laureado, deja de aportar un curioso discurso al libro. Una reivindicación de la ironía, en su versión de discurso cortezaño, narratividad galante, o divertimento dieciochesco, no hace al poeta sustraerse de su vocación transgresora y su impulso de voyeur en la interioridad de la puesta. No se sustrae de el suceso que escapa al libreto y uno siente que participa de un discurso que es más gestual que verbal; en el que se sobrevuela lo salonesco, se evita la finalidad trágica sobrevaluada por el romanticismo, prescindiendo del exotismo accesorio del modernismo, para acceder, sin prejuicios, a una puesta posmoderna. Lo poético se sustenta en la carga referencial, se ahí que notemos una real secesión.

....................................................................................III
A Divertimentos sonoros, le es reservado el sitio o la suerte de coda. Y para consagrarse a cerrar este libro que nos ha llevado a descifrar registros diversos y por momentos distantes, el autor se acoge a una tradición de larga data en nuestra corta literatura. El ánimo no es divertirnos, aunque esa socarrona paliza a los costillares de la academia nos halague. Hay sin embargo, una secreta intensión de ordenar, que hace de la burla un acto afable. Descolocar el objetivo es una forma de darle un lugar por omisión, y si se trata de referencias, casi paradigmas, como Paris, o nombres cincelados en mármol, como Casal, el atrevimiento se torna reverencia y el poeta salva el desaire con una sonrisa cómplice.

sábado, 8 de noviembre de 2008

AGRAVADO POR LA NOCTURNIDAD / Carlos Pintado

Publicado originalmente en La primera palabra, el sábado 8 de noviembre del 2008.
.
La poesía es un suceso nocturno, su escritura. El ejercicio medieval de ir al encuentro de la palabra que ha de nombrar cada acto, cada gesto en que recordamos haber estado, hemos de incurrir, o soñamos perpetrar con entera premeditación, nos hace cómplices del par indisoluble en que la nocturnidad es el inicio y el fin.
La noche no es, en este libro, el espejo natural en que se superponen múltiples oscuridades. Es la otra luz, ese otro sitio, iluminado apenas por las sutilezas del adjetivo justo, robado a las sombras por el ritmo que enaltece oquedades, donde el sonido de versos medidos con el patrón de oro destinan cada inflexión de la voz al sitio que más nos ampara.
Carlos Pintado no ensombrece, funda en las sombras una luz otra que es la noche. “La noche avanza breve por mi cuerpo", dice convencido de que, sólo en la oscuridad, otras palabras pueden ser también la luz u otro dibujo valioso.

martes, 4 de noviembre de 2008

LAS VENTANAS DE OTRO / Juan Carlos Valls

Publicado originalmente en La primera palabra, el martes 4 de noviembre de 2008.
.
De cualquier manera, el que sale o entra a un pueblo, o a cualquier otro sitio, que pudiera ser también un libro, piensa en alguien. Yo he entrado y salido varias veces en este libro con ventanas, como una casa o un pueblo, y no me he sentido cansado. He reposado. He sentido esa placidez que propician los rincones más húmedos de las casas en que se ha vivido la niñez (aún en el recuerdo) o los sitios especialmente conocidos de un pueblo al que volvemos después de muchos años. Es literal. Yo he vuelto a la poesía de Juan Carlos Valls después de casi dos décadas y la encuentro verde y fresca como la hierba, no en un búcaro metafórico, sino falseando a nuestro favor la aridez de este potrero baldío que es el exilio.Todos nos asombramos de cómo hemos podido llegar “a ser este amasijo de temblores”, pero nos ha alcanzado firmeza y pulso para escribir, para llenar este vacío de palabras, que nos permitan abrir cada día las ventanas, domestica o librescas, amargas o incuso inexistentes. El poeta reivindica ese derecho y su capacidad para hacerlo. Este libro es el testimonio de eso. Recuerdo mis primeras lecturas de su poesía, en un tiempo en que la mesa poética rebozaba, a diferencia de la mesa real, de manjares deliciosos. Mi degustación agradecida.Hoy, que tratamos en vano de aligerar la mesa real, este libro viene a poner manjares ha tiempo olvidados en la, usualmente magra, mesa poética, que nos obliga a tocar con frecuencia la puerta de los maestros. Elliot, Perce, Milosz, Rilke; se han librado por unos días de mis molestas e inoportunas visitas, pues he estado acá, asintiendo a veces, negando otras por puro disentir, y complacido siempre al final de cada texto, como quien ha cobrado una pieza, conejo a faisán, en un bosque que pareciera depredado. ¿Dónde ha estado el poeta en estos días? Seguro molestando a Rilke o a Cavafis, que eso es lo único que sabemos hacer, cuando no estamos apaleando nuestra memoria o nuestros precarios dones.

lunes, 6 de octubre de 2008

DESPUÉS DE GISELLE, EN BLANCO Y NEGRO / Isis Wirth

Publicado originalmente en La primera palabra, el lunes 6 de octubre de 2008.
.
He terminado de leer el libro "Después de Giselle" (Aduana Vieja, 2008), de Isis Wirth. El libro es una selección de artículos, críticas, entrevistas y ensayos escritos entre 1987 y 2007. He ido haciendo apuntes y reflexionando mientras recorría cada uno de sus múltiples, y a veces paralelos, discursos. Hay muchas cosas, en mis apreciaciones de degustador profano y desconocedor de todo lo que no es sensorial y externo, que se han ido corriendo a un lado u otro, como cuando viene un decorador y corre los muebles hacia el sitio más favorable, más iluminado. Ese es el resultado de la primera lectura, y creo que otros vendrán de un análisis más profundo, de aspectos que me han interesado mucho y sobre los que he tomado nota para investigar y reflexionar con más conocimientos de causa.
El ballet, como el resto de la artes (o como una disciplina "umbrella" de todas ellas), no se mantiene ajeno a su realidad y aunque se pretenda crear una realidad escindida de su tiempo, el proceso se hace cada vez más contraproducente o camina rápidamente hacia el sitio del que se supone ha de alejarse. Una técnica con reglas-dogma, con estructuras y preceptos intangibles, no se convierte en una formula infalible de acceder a la trascendencia. Congelar no siempre preserva, y yo me pregunto si no ha sido esta la máxima en esta carrera de relevos que ha garantizado la supervivencia del espíritu de la danza. La autora nos guía por una galería de imágenes, de deidades; usando con precisión de timonel veneciano, las arboladuras de la entrevista, la filosa prestancia del nao transfigurado en artículo coyuntural, que logra aferrarse a lo trascendente esencial; o la especificidad sólida de nave insignia, de galeón, que proporciona el extender minuciosamente las ideas sobre un mapa de meridianos claros y notaciones precisas, que prefiguran el discurso del ensayo, para exponernos su poco ortodoxa visión de la danza.
Creo confirmar que, acaso por esto, cuando se habla de otras artes se puede hablar de cuadros, libros, incluso de una puesta en escena en el teatro o la ópera, y cuando se habla de ballet en imprescindible hablar de personas, de una bailarina o bailarín específico, como único modo de perpetuar la inmutabilidad del rito. El sentido particular que lo clásico adquiere en el lenguaje de la danza, pareciera formular la autora, o tal vez estoy queriendo entender yo, responde a la particular forma en que la danza ha ido formulando su notación, su mecanismo de defensa contra el natural olvido en que es susceptible de perderse lo gestual, dada la fragilidad y lo poco objetiva que puede ser hasta la más concienzuda descripción, cuando no hay parámetros que establezcan las coordenadas del cannon.
Por otra parte, especular sobre el paradigma de la morfología como condicionante de la ascensión, sobre el carácter sacro de un patrón de perfección, en que lo osteo-muscular impone un parámetro inmutable, enriquece la visión de lo danzario reivindicando la posibilidad de que, aún reconociendo la necesidad imperativa de privilegiar la regla, se reconozca un espacio a la excepción. Merece mi mayor atención, por lo sorprendente, como la autora da a la danza el privilegio de la duda, en cuanto a disciplina capaz de reinventarse sobre los huesos pretendidamente inamovibles del dogma clásico, lo cual de alguna manera incorpora al concepto (en los dominios exclusivo y excluyentes del lenguaje coreográfico) un valor agregado, que creo poder achacar a el triunfo de la individualidad sobre lo común. Creo que estoy hablando más de mis dudas que de mis certezas, y es que estas últimas no darían para un par de oraciones.
Para concluir, la autora reserva una pieza que vuelvo a leer para terminar estas notas. La negación de la opinión como elemento de enriquecimiento, pareciera justificarse en el origen y por la finalidad que le diera al Ballet un lenguaje, una notación legitimadora. La verticalidad imperativa, desde lo alto hacia la superficie en que todo se hace terrenal e impuro, pretende fundar la posibilidad de ascensión, de conquista de lo etéreo, y dar a seres imperfectos una suerte de pasaje a lo divino. Se sustenta con argumentos poderosos, y la realidad gozosa exhibe los ejemplos más sólidos bajo los anocheceres lechosos del totalitarismo ruso, o bajo los influjos de aromas frutales en que no puede ocultar sus imperativos el voluntarismo brutal de la Cuba castrista. El paralelo no niega al ballet su suerte de cisne que muestra ileso su plumaje blanco, aunque lleve siempre en si la sombra que le define, el cisne negro.

lunes, 22 de septiembre de 2008

EQUÍVOCO / Félix Luis Viera

Publicado originalmente en La primera palabra, el lunes 22 de septiembre de 2008.
.

Termino de leer La que se fue, antología de los cinco libros publicados desde el año de 1976 hasta 1994 por el poeta cubano Félix Luis Viera y La primera palabra que me viene a la mente es equívoco. Y digo equívoco y no error o equivocación, porque no serian palabras exactas para describir la sensación de estar contando algo que apenas puedes entender, de estar en el sitio equivocado, de no saber si la constatación de la ausencia o el vacío es parte esencial de lo poético o su materia misma. El poeta, por caminos diversos llega siempre al mismo sitio y allí está ya de algún modo, porque este es un viaje, el mismo, eterno. Se reencuentra con el que fue al final de numerosos viajes y los textos no son más que la crónica, el relato nada objetivo, los apuntes en el cuaderno de navegación o en los borde del mapa. Pero, ¿Qué hay en este lugar al que insiste en llegar repetidamente? ¿Qué puede sustentar dedicar una vida a intentar llegar, desde y por todos los caminos, a un sitio conocido, siempre el mismo? Sólo la duda, la presunción de que puede ser de otro modo. El equivoco, no el error, deja un margen estrecho en que naufraga la regla, el dogma y puede sobrevivir la poesía.

lunes, 8 de septiembre de 2008

LA PALABRA PLACER Y OTROS POEMAS / Gonzalo Rojas

Publicado originalmente en La primera palabra, el viernes 8 de agosto de 2008.
.
Gonzalo Rojas es un asombroso caso de vitalidad y auténtica vocación. Leo una selección de su poesía editada por la Fundación TELMEX, al cuidado de la poeta cubana Elena Tamargo y La Primera Palabra que me viene a la mente hallazgo. Encontrar en un poeta contemporáneo la sensibilidad trascendente de los clásicos, una desafiante vocación lirica (en el sentido mas primitivo) y el impulso, siempre latente y muchas veces manifiesto de violentar todo orden (ejercicio de poder si se busca en la esencia), romper todo canon (probar su fragilidad) es algo que nos sucede cada muchos libros, cada muchas horas de lecturas baldías, cada muchos regresos al inicio del agua en la clepsidra. Gonzalo Rojas es uno de esos arqueros que afila las palabras como dardos, que extiende la mirada y su arco describe una parábola en que cada saeta, cada palabra, encuentra su costado indefenso.

lunes, 4 de agosto de 2008

QUE EL GESTO DE MIS MANOS NO ALCANCE / Arístides Vega Chapú

.
Publicado originalmente en La primera palabra, el lunes 4 de agosto de 2008.
.
Arístides Vega es un isleño vocacional, y digo isleño y no cubano porque para él, Isla y Cuba son sinónimos. Un espacio limitado por agua, aguas que le compulsan a pararse en el centro. Náufrago, es La primera palabra, y no se me ocurre otra, aunque no sea exacta. No ha navegado o zozobrado en barco u objeto flotante alguno. Nació ya en una isla en medio del mar y ha tenido que propiciarse todo medio de subsistencia (poética).
Corrían los primeros años de la década del ochenta, aún se sentía la sombra negra del Mariel, con su vergonzosa ola de represión, y nuestra generación empezaba a mirar la vida del país con inquietud. Las librerías nos devolvían la sensación de que había que “buscar atrás” o mirar allende el mar. Traducciones del “Anábasis” de Saint-John Perse (de Heberto Padilla) o la traducción (amanerada versión) de Lezama de “Lluvias”, una pequeña edición (con el cuadro “Tierra” de Fayad en la cubierta) de la “Tierra Baldia” de T.S. Eliot, Rilke, Mallarmé, Paul Valéry (en la excelente traducción de Mariano Brull) fueron descubrimientos sucesivos que ayudaron a paliar la coral y laudatoria (a la Revolución) oferta de las librerías. El “salto atrás”, no sólo nos hizo releer, como quien busca una luz al final del túnel, todo el diecinueve cubano. La república, con el emblemático Poveda o el íntimo Ballagas; nos llevó derecho a “Orígenes”, como una balsa flotando en el mismo mar desde los tempranos treinta y aún dando bandazos.
Por esa época conocí a Arístides Vega Chapú. Recién regresaba de La Habana (a Santa Clara) después de un intento fallido (por suerte) de estudiar derecho. Comenzábamos a vernos a menudo un grupo en el que se recuerdan además los poetas Pedro LLanes, Frank Abel Dopico, Joaquín Cabezas de León, y el narrador Evelio Capote (ya fallecido), entre otros. En el departamento de sus padres (en los altos de las oficinas del PCC provincial), sitio de encuentro, escuchábamos música, que no hubiese oído nunca de otro modo, y nos reuníamos para ir a alguna actividad cultural o simplemente para leer o conversar. Su manera de escribir (y de vivir) fue cimentando una amistad que los años y mi admiración sólo han fortalecido.
He recibido, recién, una antología de su poesía que he leído de una manera muy peculiar. Los primeros textos (de los primeros libros) me sonaban tan cercanos que recordaba largos pasajes como si los hubiese escrito. Algunos poemas revivieron los momentos en que fueron escritos o en que los escuché por primera vez, y confirmé la vieja certeza de que Arístides reúne en su obra todos los sueños (muchos truncados) y todas las frustraciones de una generación. La generación (como quieran llamarla) que abrió los ojos con la bofetada del Mariel, dinamitó el monolítico discurso “setentero” y recapituló los anales de la literatura cubana, reclamando un espacio para la individualidad. Ese espacio estaba ya implícito en cada verso.
Después de muchos años, leyendo de un modo fragmentario su obra, poder apreciar reunida una muestra amplia y representativa de cuanto ha escrito, permite constatar como el discurso, lejos de hacerse mas discreto o decantar excesos e improntas de juventud, se mantiene vivaz y minado de desvaríos emocionales, personales referencias y voluntariosos giros que contradicen su actitud reflexiva y ecuánime.
Se habló muchas veces en el pasado, de una vocación en que el tema familiar genera el contexto básico en que se estructura su sensibilidad poética. Hoy tiendo a pensar que el poeta construye nexos para atar (poéticamente) sus temas, sus preocupaciones, sus especulaciones, muchas veces con visos de obsesión existencial, a una referencia cercana, conocida, “familiar” en la otra acepción. La intención de hacerse entender sin dar detalles, sin explicar por qué, no es más que la proyección de su necesidad de entender y su voluntad de ver desde dentro.
Arístides sigue siendo un sobreviviente, enraizado cada vez más en el centro de su isla. Allí ha construido una cabaña con los restos de cada naufragio. No mira hacia el mar, hacia el horizonte, porque no espera nada de las aguas que le rodean como una maldición. Todo lo necesario, lo esencial, esta bajo el árbol más cercano, en la humedad de la sombra y el sabor del fruto.

martes, 15 de julio de 2008

VIENDO ACABADO TANTO REINO FUERTE / Roberto Méndez

Publicado originalmente en La primera palabra, el martes 15 de julio de 2008.
.
Uno se doblega ante las palabras cuando estas encarnan lo que uno piensa. Uno siente, constata, que no ha podido convocarlas. Esa complicidad con el artífice que “te ha robado", que las estaba usando justo cuando tú las requerías, con el tiempo puede convertirse en devoción. Es esta la primera palabra que se me ocurre. Siguiendo con esta serie de notas (que son ya una saga de la poesía de los ochenta), voy a comentarles un libro que, aunque no ha sido una sorpresa, es una confirmación. “Viendo acabado tanto reino fuerte” ha llegado azarosamente a mis manos, y es un libro que en unas semanas no he dejado de releer, incluso de la forma que uno reserva para los clásicos.
Después de leerlo avisado, acucioso, para decodificar sus innúmeros acrósticos; después de leerlo degustando página a página el fluir eurítmico de un aliento familiar y amigable, cercano, ha permanecido durante muchos días al alcance de la mano, ansiosa de ocio, para en el más breve tiempo, en el más sutil intervalo vacío de imperativos vulgares, abrirlo en la página que el azar nombre, y volver a sentir esa sensación de órgano en la tarde o de alimento exótico. Pocos, incluso en nuestra generación, apreciamos en los inicios, el poder fundacional de la poesía de Roberto Méndez. El respeto era un denominador común a todos, pero sólo el tiempo y los valores sostenidos de una poética singular convirtieron esa consideración en necesidad y gusto por su poesía.
Desde sus primeros textos, (de “Carta de relación” o “Manera de estar solo”, que leímos detenidamente por esos años) el poeta tiene ya un camino, custodiado de catedrales góticas, basílicas con frescos bizantinos, o transitado por monjes, poetas latinos o griegos, filósofos y bailarinas orientales; toda una figuración, selva simbólica o referencial, que usualmente confundía al lector, incluso entrenado. El sello de “libresco” u “oscuro”, tenia muchos sitios de los cuales colgarse: una gárgola acá, o una almena, arbotante o asta de siervo, bastaban al efecto. Así es de fácil hacer etiquetas, como difícil es borrarlas. El poeta siempre estuvo consciente, muchas veces lo dijo con una sonrisa cómplice.
Su obra ensayística ha sido una forma creativa, edificante, de ser dadivoso, de ejercer con bondad una venganza poética. Pero la poesía no se ha recluido a rumiar su savia en un discurso de autocomplacencia. Nunca con más lucidez y de un modo más corrosivo, ha cuestionado un poeta la aridez medieval del canon hegemónico impuesto por la cultura oficial. Ya en sus primeros libros se levantaba un mástil en que se izaron, una tras otra, las banderas del humanismo, del cuestionamiento ético y filosófico, de la resistencia inteligente del conocimiento ante el fanatismo ideológico o la polarización política. Una poesía que construye baluartes, fortifica, desde la sustancial idealización del modelo negado: el hombre uno, ante el dilema de la existencia.
Este libro puede leerse como un inventario de lo que logró salvarse de las llamas en la gran biblioteca de Alejandría. Puede leerse como un manual para reconstruir, rearmar la cúpula quebrada, los fragmentos dispersos de la utopía. Puede leerse como un misal de reconciliación con los símbolos hipertrofiados o sobreevaluados de nuestras malogradas convicciones de ha tiempo. Puede leerse como ejemplo de que se puede cenar pan blanco, beber agua fresca, madurando la pasión sin reverenciar el sacrificio. Este libro puede leerse, debe leerse de cualquier modo. Nunca más oportuna lectura, quizás por eso demorada, (se publico en el año 2001) esta que nombra todos nuestros objetos de adoración y de repudio, con idéntica “claridad", con igual pasión, con igual devoción.